Son milésimas de segundos. Un manotazo, un empujón, un golpe fuerte en alguna parte del cuerpo. Los motoarrebatos se han convertido en una de las modalidades de robo más frecuentes en la provincia, especialmente en las zonas céntricas, donde la aglomeración de gente facilita las condiciones para que se cometa.
En dos encuestas realizadas por LA GACETA, de las que participaron más de 2.000 lectores, estos revelaron que no están ajenos a esa realidad: la mitad de ellos (el 49 % al cierre de esta nota) dijo haber sido alguna vez víctima de un atraco cometido por un delincuente que circulaba en moto. 
En otro sondeo, los foristas expresaron cuál su reacción en el caso de presenciar un motoarrebato. La mayoría (un 38 %) eligió la opción "Intervengo durante el robo", seguidos por quienes dijeron que lo hacen después del atraco, de manera de asistir a la víctima (un 30 %).
Un porcentaje menor (un 19 %) admitió que se queda congelado, mientras que la alternativa menos escogida fue la de "Prefiero no entrometerme" (un 11 %). LA GACETA ©